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arquitectura

El futuro de la arquitectura

Vanessa Abajas 2021-04-23


Los tiempos cambian a un ritmo vertiginoso. Algunas profesiones dejan de existir y aparecen otras, normalmente relacionadas con las nuevas tecnologías. La Arquitectura experimenta grandes avances: nuevos materiales de construcción, nuevas formas de construir, mayores exigencias en cuanto a sostenibilidad. ¿Cómo afectan estos cambios a las personas que trabajan en el sector?

Un poco de historia

Por mis manos han pasado muchos proyectos de casas realizados antes de la década de los 90. La parte gráfica consistía en pocos planos que contienen la información básica: emplazamiento de la casa, planta de distribución y de instalaciones, fachadas, una sección de la vivienda y planos de estructuras. La parte escrita no son más de diez páginas, en las que se describe la vivienda y su construcción.

El Word y los programas de dibujo por ordenador llegaron a los despachos de arquitectura a principios de los años 90. Parecía que serían una gran ayuda y que ahorrarían largas horas de dibujo y fotocopias. Y, en un principio, fue así. Modificar un proyecto nunca había sido tan fácil. Cualquier cambio en el dibujo ya no implicaba empezar de nuevo o, en el mejor de los casos, borrar la tinta con la cuchilla.

La parte escrita también podía ser fácilmente editada. De la fotocopiadora se pasó al botón de imprimir, mucho más ágil.

Poco tiempo duró esta bonanza. El ordenador resultó ser un arma de doble filo que, a la vez que ahorraba trabajo, justificaba un trabajo más exhaustivo. Me explico: como la información es más fácil de gestionar desde un ordenador que desde la máquina de escribir y el dibujo a mano, desde los organismos oficiales se exigió a los arquitectos que realizaran unos proyectos más elaborados, pensando que no supondría un exceso de trabajo.

Los planos empezaron a contener muchísima más información y a ser más numerosos. La documentación escrita pasó de aquellas 10 páginas a cerca de 500 en un proyecto actual. Parece que a nadie le importaba la ecología, ya que lo normal era realizar varias copias en la entrega de un proyecto (ayuntamiento, propietarios, constructor, etc.). Afortunadamente, a día de hoy, es bastante habitual entregar los proyectos en CD, al menos, la parte escrita.

Todas estas normativas inacabables que hay que justificar en los proyectos arquitectónicos se van sucediendo a lo largo de los años. De la Norma Básica de la Edificación (NBE) del 87 pasamos al Código Técnico de la Edificación (CTE) del 2006.

El CTE supuso toda una innovación en el mundo de la arquitectura y en la manera de construir. Todos los despachos de arquitectura tuvieron que actualizarse, ya que las normativas cambiaron completamente. Los arquitectos tuvieron que asistir a cursos del CTE para conocer todos los cambios producidos respecto a la anterior normativa. También tuvieron que leer los libros que explicaban los diferentes Documentos Básicos o DB (Ahorro de energía, Salubridad, Utilización, etc.). Estamos hablando de miles de páginas.

El cumplimiento del CTE se debía reflejar en planos, documentación escrita y en fichas justificativas. El trabajo se multiplicó y, con ello, la documentación a presentar. También aparecieron nuevos programas para justificar resultados, que los arquitectos tuvieron que aprender a utilizar. Fue un trabajo duro que coincidió con los tiempos del auge de la construcción, cuando los despachos de arquitectura no daban abasto debido a la gran demanda de vivienda.

 Todo ello supuso un gran esfuerzo en los despachos con tal de adaptarse a los cambios. En los despachos grandes, algunos de sus miembros podían dedicarse a tiempo completo a estudiar el CTE y a adaptar su cumplimiento en los proyectos realizados en el despacho. Si se trataba de un despacho pequeño esta tarea era más complicada. El mismo arquitecto debía continuar con su trabajo y, a la vez, adaptarse al CTE.

Aprovecho para explicar que los arquitectos se formaron y adaptaron a las nuevas normativas, pero los constructores y paletas, en general, no lo hicieron. Ningún organismo había exigido nunca a los obreros de la construcción tener una mínima formación y, con el CTE, la situación no cambió.

Una vez el CTE entró en vigor y los proyectos llegaron a la obra, los arquitectos empezaron a realizar un trabajo que no les tocaba: el de enseñar a los obreros a realizar la construcción de la nueva manera exigida. La situación fue difícil y confusa.

Una vez todos nos habíamos adaptado a los cambios, empezaron a aparecer las modificaciones en las normativas. Nuevas fichas para justificar los resultados, nuevos programas, nuevos cambios en la presentación de los planos y en los documentos escritos.

Estas modificaciones se producen cada vez periodos de tiempo más breves, lo que te obliga a estar siempre atento a los medios de información. En nuestro caso, el Colegio de arquitectos publica en su web las noticias relacionadas con las nuevas normativas y te da herramientas de ayuda para adaptarlas a los proyectos.

La actualidad

Se ha llegado a un punto en que las exigencias a cumplir son tan complicadas de justificar que hay que ser prácticamente un experto en cada materia de un proyecto. Necesitas un gran conocimiento en instalaciones, en habitabilidad, en construcción, en cálculo estructural, dibujo en 3D, etc. Es casi imposible que una persona tenga todos los conocimientos exigidos en la redacción de un proyecto. Se trata de ser cada vez más específico y centrarse en una sola área, de dominar un solo campo.

Los grandes despachos no tienen problemas, cuentan con ingenieros, calculistas o diseñadores gráficos entre su plantilla. Los proyectos pasan por varias manos, se realizan en equipo. El arquitecto proyectista realiza un esquema de un nuevo proyecto y, acto seguido, consulta al estructurista cómo se podría construir, a la vez que el ingeniero le asesora en el tema de instalaciones.

La idea que tenemos del arquitecto autónomo que se encarga de un proyecto desde el primer esbozo hasta entregar la obra ha pasado a la historia. Estar al día de las nuevas modificaciones en las normativas, estudiar cómo aplicarlas a los proyectos, aprender nuevos programas informáticos cada vez más especializados, y, a la vez, continuar con el trabajo diario, es una tarea casi imposible.

La idea de arquitecto como hombre del Renacimiento que sabe hacer de todo es el pasado de los despachos de arquitectura, es una especie en vías de extinción.

Y, ¿cuál es el futuro? Los equipos interdisciplinarios. No es imprescindible que compartan el mismo espacio, como en los grandes despachos de arquitectura. Puede tratarse también de un pequeño despacho que colabore de forma habitual con un despacho de ingeniería, con un geólogo, con un experto en renders (dibujos en 3D), con otro arquitecto calculista o con cualquier otro experto que se pueda necesitar hoy en día o en un futuro cercano.

No desaparecerá la figura del arquitecto “jefe”, el responsable del proyecto. Siempre tendrá que haber un coordinador, que será también quien tome las decisiones. Pero, a diferencia del arquitecto jefe del pasado, el nuevo responsable no podrá dominar todos los aspectos de su proyecto, deberá delegar los aspectos más detallados y técnicos.


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